sábado, 19 de julio de 2014

45 AÑOS EN LA LUNA. Wenceslao Vargas Márquez.




45 AÑOS EN LA LUNA
Wenceslao Vargas Márquez

(Adivine el lector mientras redacto: an redonda como un queso, nadie puede darle un beso). 
Mi ejemplar de Historia Verdadera,
de Luciano de Samosata.

Un hombre -El Hombre- llegó a la luna en julio de 1969. Se cumplen 45 años, pero la historia de esta aventura lunar y humana nació muchos siglos antes. Mientras el viaje no podía  ejecutarse físicamente, quienes deseaban experimentar esa huracanada emoción tenían que leer a Luciano, a Kepler, a Godwin, a Bergerac (¡Cyrano!), a Wells:

En Historia Verdadera, de Luciano de Samosata, en el siglo II EC, los humanos viajan a la luna en un barco arrebatado hacia lo alto por una tormenta. El huracán los lleva al satélite. A principios del siglo XIV, Dante Alighieri, en el Paraíso de la Divina Comedia, guiado por Beatriz, es llevado no sólo a la luna sino a todo el sistema solar (el conocido, el tolemaico). 


Un viaje más elaborado y ‘científico’ es el narrado en la obra Somnium de Kepler y fue escrito en 1608. El viaje del pasajero duraba cuatro horas. Si para Borges, Wells era un Verne científico, considero que Kepler era un Wells científico. La versión en inglés que conozco parece en realidad un libro de física. Otro viaje es el ideado por el inglés Godwin en 1630 donde 25 gansos llevan a un español sevillano a la luna en doce días. Quizá el viaje lunar más cándido es el ideado por Cyrano de Bergerac. Pero revisemos antes quién es Cyrano: 



Cyrano fue un personaje histórico francés del siglo XVII que habría pasado (semi) desapercibido de no ser porque su paisano Rostand lo pasó a la historia en 1897, al publicar su biografía para el teatro. Del Cyrano de Rostand se derivó el único Cyrano que la mayoría conocemos: el espadachín narigón que se agarra a espadazos con quien sea. 

En una versión fílmica de Cyrano (1950, con el crédito para Rostand) se discute brevemente de viajes e inventos lunares: globos llenos de humo, saltamontes gigantes, lanzamientos de imanes, cuando han transcurrido hora y nueve minutos de la película actuada por José Ferrer (ver video). 


La versión fílmica más reciente (que yo sepa) es de 1990 con Depardieu. Pues bien, este Cyrano histórico escribió un Viaje a la luna y sólo recientemente pude hallar un ejemplar en papel gracias a alumnos del CBTis 165 que trabajaron una feria del libro en el reciente junio. Gracias. El tomo es de Espasa-Calpe fechado en Argentina, 1942. La obra original es de principios del siglo XVII. EL viaje ideado por Cyrano se logra cuando botellas llenas de rocío se evaporar por la acción del sol y hacen que se eleve el viajero. Errores de cálculo hacen que el personaje aterrice en Canadá. Luego con una máquina e imanes que la jalan logra finalmente llegar a la luna donde descubre a personas que viven allá.


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Mi Viaje a la luna. Cyrano. 1942
El viaje clásico es el de otro francés, Julio Verne, usando un cohete lanzado sorprendentemente desde la Florida con tres pasajeros, igual que en el viaje real de hace 45 años. Otro viaje importante es el del inglés H. G. Wells quien se atreve a escribir otro libro de viajes a la luna, menospreciando a Verne bajo el título Los Primeros Hombres en la Luna (1901). Hace que un personaje suyo pregunte, al principio de la novela si el viaje que se emprenderá va a ser ‘cómo en el Viaje a la Luna, de Julio Verne’. La respuesta es burlona porque el personaje de Wells, Cavor, ‘no era lector de fantasías’. Un tercio de siglo después del viaje de Verne se creó en Inglaterra la sustancia que estaría destinada a impulsar los vehículos interestelares que viajarían a la luna por cuenta de Wells: la cavorita. La cavorita era una sustancia que anula la gravedad terrestre o a cualquier otra gravedad pues la nulificaba permitiendo a un objeto recubierto con ella desplazarse verticalmente a distintas velocidades.


En la luna –narra Cavor- cada ciudadano conoce su posición: ha nacido para ella y la acabada disciplina del ejercicio, educación y cirugía a que se le sujeta, lo hace al fin tan completamente adecuado para ella que ya no tiene ni ideas ni órganos para ningún objeto distinto. Así, un matemático selenita parece sordo a cualquier cosa que no sean fórmulas y teoremas. Terrible es el aspecto de ‘el gran lunar’, amo absoluto de la luna: un gigantesco cerebro quintaesencial. Nada de cara, solo ojos, ‘aquello era grande; aquello era lastimoso’. Su sonido al hablar era como ‘el roce de un dedo sobre un cristal’.

Un cubano viajó también a la luna de la mano del escritor Raimundo Cabrera y su obra de teatro bufo Viaje a la luna, 1885. ¿Y un mexicano? También hubo un novohispano ¡yucateco! en la literatura lunar: “Syzigias y quadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un antíctona o havitador de la Luna, y dirigidas al Bachiller Don Ambrosio de Echeverría; año del Señor 1775” de fray Antonio de Rivas. El lector interesado en este viaje yucateco puede buscar en azc.uam.mx. Un especialista cuenta 128 obras lunares antes de la de Cabrera y 148 después, unas 300 obras soñando el sueño hasta que tocaron el satélite las manos del aborrecido imperialismo yanqui y el Apolo XI. Un Horror.  

Con esto se acaban todos estos encantos literarios porque un hombre (El Hombre) llega finalmente a tocar el satélite. Nadie podía pero Armstrong la tocó –la besó- en julio de 1969, hace 45 años.
¿Tan redonda como un queso?, ¿nadie podía darle un beso?  Con la ayuda de Julio Cortázar y de su memorable cuento titulado Silvia resolvemos la adivinanza: es la luna.

Qué adivinanza tan sonsa.

@WenceslaoXalapa